La edad perfecta

 



Había tenido el cuidado de precisar la edad.

—¿Estás seguro de lo que vas a hacer? — preguntó mi padre con voz firme y vibrante.

Incliné levemente la cabeza.

Mi aventura iba a ser grande, muy grande. Tendría que convencer a muchas personas y eso no iba a ser fácil. Incluso a algunos no les agradaría.

Mi camino empezó mejor de lo que terminó. Convencí a más personas de las que jamás podría imaginar, y otras tantas que no me pueden ni ver. Me dieron, incluso, por muerto. Pero a mis 33 años resurgí de mis cenizas y me levanté más fuerte aún. Era la edad perfecta.


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